lunes, 23 de julio de 2007

"La ciudad cosmopolita como alienación"

(Último apartado de un trabajo de urbanismo acerca de los espacios suburbiales madrileños de los años 50/60 para la asignatura de "Teoría de la ciudad" )
La ciudad actual nace morfológicamente y conceptualmente en los años 50. En ese momento la ciudad camina en un rumbo del que no se separará hasta la actualidad. La metrópolis actúa como una gran cadena absolutamente necesaria. Un elemento al que estamos atados y que necesitamos para “desarrollarnos”. Funciona, por otro lado, como un organismo depresivo; la ciudad ensalza, condiciona, hunde o ensombrece el espíritu humano.
En el entorno rural el hombre se desarrolla en un contacto más directo con los valores que mueven la vida, con la naturaleza, de la que provenimos. Hugh Ferriss afirmaba que el ser humano siempre será naturaleza por mucho que cree espacios límite en los que se separa de ella. En consecuencia, se crean espacios tan artificiales e innecesarios como el metro madrileño, que niega nuestra existencia situándonos en un ambiente de capitalismo y de estandarización de los valores humanos.
Son malos tiempos para la expresión de ideologías personales. La sociedad es el lugar donde nos proyectamos y físicamente se hace patente en la ciudad. Esta enfermedad crónica en el mundo es la globalización, necesaria, imparable, pero también demoledora.
Por ello la ciudad tiene el valor de situarnos en un lugar concreto que depende de tantos parámetros que al final es difícil negarlo.
Para finalizar diré que la ciudad también es una máquina de crear seres infelices e insatisfechos de por vida. Pretende imponernos la escala de valores que se le impuso interiormente a la ciudad y que nos separa de los inherentes al ser humano. Por eso no está de más recordar de vez en cuando que lo único que hace el ser humano independiente de su entorno, identidad y circunstancia es nacer y morir.

1 comentario:

Nuria. dijo...

Roberrrrr!!!

ese trabajo me suenaaaaa___!!!

un bsazo

y a activarseeee!!!!!!!!!