"Salto al vacío", 1960.
Fotógrafo: Harry Shunk
"Hacer de la desesperación más profunda la esperanza más invencible", Nietzsche
Cuatro días para disfrutar de una ciudad fascinante, de la arquitectura que visitamos y de la compañía de amigos y demás compañeros de clase. La excusa: visitar dos parcelas en las que proyectaremos, respectivamente, una escuela de artes escénicas y un edificio de viviendas.
Los recuerdos de los lugares a los que he viajado están marcados por las personas con las que estuve allí. Esta vez los recuerdos son maravillosos.
Un viaje lleno de momentos únicos y de situaciones irrepetibles en los que el espacio y el tiempo eran nuestros.
Piscinas en Leça de Palmeira. Arquitecto: Álvaro Siza.
Restaurante Boa Nova en Matosinhos. Arquitecto: Álvaro Siza.
Casa da Música en Oporto. Arquitecto Rem Koolhaas
Iglesia en Marco de Canavezes. Arquitecto: Álvaro Siza
London Metropolitan University Graduate, Londres. Arquitecto: Daniel Libeskind
Hace una semana estaba regresando de Londres. Estuve allí cuatro días y pisé, por unas horas, Oxford; tengo que volver. Fue un viaje del que prefiero recordar cosas como las caras boquiabiertas de unos quinceañeros en Piccadilly Circus, las palabras cariñosas de un hombre en una cafetería a las 10 de la mañana o la sensación depresora de ver anochecer a las 3.30 de la tarde.
No me permito arrepentirme de este viaje y, por otro lado, centrándome en la verdadera razón de mi estancia en Londres, puedo decir que creo que la única razón por la que este viaje merece ser recordado es lo que he aprendido.
Camden Arts Centre, Londres. Arquitecto: Tony Fretton
Apartamentos, Londres. Arquitecto: Foster+Partners
Estudio de Norman Foster en Londres
Una vez más, como si estuviera obligado a hacerlo, vuelvo a releer:
Romance Sonámbulo
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
Ferderico García Lorca
Leo en un blog la siguiente cita:
"A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco."
Michel de Montaigne
Cuando me preguntan a mí no contesto con esa respuesta pero coincido con Montaigne en la razón de mis viajes.
Antes de nada, pido disculpas por dejar de escribir en el blog.
Porque, a veces, la voluntad no es suficiente para realizar algo. Simplemente, porque hay cosas que si no salen de dentro, no tiene sentido hacerlas. Y no es una actitud vaga sino que, en muchos casos, no es el momento.
En julio fui a Grecia con mis padres. A finales de septiembre regresé a Londres, de nuevo solo. Entre medias un encuentro excepcional y un reencuentro inmejorable.
El libro que más me ha marcado este verano ha sido Un cuarto propio, de Virginia Woolf. Una conferencia que dio la escitora británica en 1929 sobre las mujeres y la novela. Absolutamente maravilloso.
De momento, ésto es todo.
"La soledad tiene el peculiar y original poder de no aislarnos sino de proyectar toda nuestra existencia hacia fuera, hacia la vasta proximidad de la presencia de todas las cosas"
Extraído de Paisaje creador: ¿por qué permanecemos en provincia?, de Martin Heidegger.